Por qué el carácter no puede enseñarse como el Teorema de Pitágoras

Porque las cualidades no cognitivas como el como el coraje, la curiosidad, el autocontrol, optimismo y la consciencia son frecuentemente descritas, con cierta exactitud, como habilidades; los educadores que están ansiosos por desarrollar estas cualidades en sus estudiantes, tienden naturalmente a tratarlas como habilidades que ya sabemos como enseñar como: leer, calcular, analizar, etc. Y como el valor de las habilidades no cognitivas se ha dado a conocer de forma más amplia, la demanda de programas o libros de texto o estrategias de enseñanza que ayuden a los estudiantes a desarrollar estas habilidades, ha crecido.

enseñar habilidades no cognitivas

Si todos podemos estar de acuerdo en la forma más efectiva de enseñar el teorema de Pitágoras, ¿no podríamos también ponernos de acuerdo en la mejor forma de enseñar el coraje? En la práctica, sin embargo, no ha sido tan simple. Algunas escuelas han desarrollado acercamientos comprensivos para enseñar fortalezas de carácter, y en muchos salones de clase, los profesores están hablándole más que nunca a los alumnos, acerca de cualidades como la perseverancia y el coraje. Pero he notado una extraña paradoja, muchos de los educadores con los que me encuentro, que parecen más capaces de engendrar habilidades no cognitivas en sus alumnos, nunca han dicho una palabra sobre estas habilidades en sus clases.

Conozco a una instructora de ajedrez que da clases en una escuela pública intermedia de gente de bajos recursos. Ella ha logrado convertir a su equipo de ajedrez, en un equipo sumamente competitivo, mejor que el de muchas escuelas privadas. Era muy claro para mí, cuando la veía trabajar, que estaba enseñándoles a sus alumnos algo más que ajedrez, les estaba dando un sentido de pertenencia, autoconfianza y propósito. Y entre las habilidades que sus alumnos estaban logrando dominar, había muchas que se veían exactamente igual a lo que otros educadores llaman carácter: los estudiantes persistían ante las tareas difíciles, superaban grandes obstáculos; manejaban bien la frustración, el perder y enfrentaban los fracasos con aplomo y resistencia. Se comprometieron con metas a largo plazo que muchas veces parecían imposiblemente lejanas.

Y sin embargo, en todo el tiempo que pasé viéndola enseñar, ni una sola vez la escuché usar palabras como coraje, carácter o autocontrol. Ella le hablaba a sus estudiantes únicamente sobre ajedrez. Ni siquiera les daba pláticas motivacionales. Su técnica pedagógica principal, era analizar intensamente sus juegos junto con ellos, hablando francamente y en detalle acerca de los errores que cometieron, y montándoles lo que podrían haber hecho de forma distinta. Algo en su cuidadosa y cercana atención al trabajo de sus estudiantes, cambiaba no solo sus habilidades en el ajedrez, sino también el cómo actuaban en la vida.

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La mejor maestra de carácter que conocí, no sólo no hablaba mucho sobre el tema, ni siquiera era profesora. Era la propietaria de un salón de belleza y trabajaba medio tiempo como mentora, para un grupo que se dedicaba a dar servicios de orientación intensa a estudiantes que habían sido identificados por estar en riesgo de cometer o ser víctimas de violencia con armas. Cuando la conocí, ella estaba trabajando con una adolescente de 17 años, cuya niñez había sido extremadamente difícil y dolorosa y quien expresaba su frustración y su rabia provocando peleas a golpes casi todas las mañanas, con cualquiera de sus compañeros que la vieran mal.

Durante varios meses, mi amiga pasó horas hablando con ella, en su salón de belleza, en restaurantes de comida rápida, en boliches, escuchando sus problemas y dándole consejos de hermana mayor. Era una fantástica mentora, empática y dulce pero no suave. Mientras que creaba un lazo e iba simpatizando cada vez más con la estudiante y ella le contaba como había sido maltratada, mi amiga se aseguraba de que la chica entendiera que transformar su vida iba a implicar mucho trabajo. Con su apoyo, la estudiante logró hacer exactamente la clase de cambios que cualquier educador desearía: se volvió más persistente, resistente, optimista, auto controlada, más dispuesta a abstenerse de las gratificaciones a corto plazo, a cambio de la oportunidad de tener una felicidad a largo plazo. Y sucedió sin ninguna platica explícita acerca de las habilidades no cognitivas o fuerza de carácter.

 


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