Cuatro secretos para construir una buena relación con los alumnos

Todos sabemos que construir buenas relaciones es crítico para lograr un buen manejo de nuestros grupos. ¿Pero cómo logramos esto exactamente? Richard James Roges, autor del libro Guía rápida para la buena gestión de una clase: 45 secretos que todo profesor de preparatoria debe conocer, nos comparte estrategias y ejemplos de cómo hacerlo.

¿Has notado que algunos profesores son queridos y admirados por sus estudiantes? Aparentemente, sin esfuerzo, parecen poder controlar el comportamiento y hacer un trabajo para mantener una buena relación con sus estudiantes. Estos profesores usan su personalidad para lograr compenetrarse con sus alumnos de forma efectiva.

En pocas palabras, esta compenetración es una relación en la cual el estudiante disfruta trabajar de forma productiva con su maestro. Es simplemente la faceta más importante de un educador exitoso, y su efectividad depende del carácter del profesor y qué tan eficientemente lo usa en todas sus interacciones con los estudiantes. Esta compenetración alimenta todos los aspectos de la enseñanza y el aprendizaje y si logras dominarlo tu estudiante se beneficiará inmensamente y tu trabajo como profesor será más satisfactorio.

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1 Interésate genuinamente por todos los aspectos de la vida de tus estudiantes

Luisa era una maestra de ciencias, querida y muy experimentada de secundaria. Se llevaba muy bien con sus estudiantes y los padres de familia comentaban con frecuencia que apreciaban mucho la “atención especial” que les daba a sus hijos. A sus colegas les agradaba y ella disfrutaba de su trabajo. Un día, uno de sus estudiantes de física llegó a la escuela con un brazo roto. Eduardo, un gimnasta muy disciplinado, le contó que dos días atrás se había sufrido una fuerte caída durante un entrenamiento. Luisa supo inmediatamente que esta información valía oro para la lección que estaba preparando.

En la siguiente clase de física de Eduardo, Luisa les estaba enseñando a acerca de las fuerzas y movimiento. Cuando Eduardo entró en la clase, ella le presentó una actividad que giraba en torno a las fuerzas que actúan sobre un gimnasta cuando está en el aire y cuando aterriza sobre un trampolín. También le preguntó a Eduardo cómo se sentía (y lo hizo de forma muy honesta). Él le dijo que estaba curándose y entonces Luisa le preguntó si podía usar su experiencia para ayudar a la clase a comprender mejor. Eduardo contestó que por supuesto.

Luego de completar y evaluar la primera hoja de ejercicios, Luisa le pidió a Eduardo que le contara a la clase lo que le había sucedido. Él contó su historia, entonces Luisa dijo: usando la historia de Eduardo para ayudarse, ¿cuál creen que podría ser uno de los objetivos de hoy?

Uno de los estudiantes hizo un comentario gracioso a cerca de cómo debes siempre aterrizar parado y no en tu brazo, como lo hizo Eduardo, a lo cual Luisa respondió con unas sonrisa y soltó una risita. Luego de esto, con un poco de incitación por parte su maestra, algunos estudiantes hablaron de la importancia de la gravedad en la determinación de la fuerza de impacto y la velocidad de la caída libre. Al final de una clase muy ineteresante y variada, Luisa le dio a sus alumnos la oportunidad de firmar el yeso de Eduardo.

Examinemos lo que hizo Luisa (y su compenetración con los alumnos) para que esta clase fuera tan especial:

  • usó la afición de uno de sus estudiantes para generar una actividad en clase (la primera hoja de ejercicios)
  • demostró una preocupación real por el bienestar de su estudiante
  • estaba genuinamente interesada en la vida de su estudiante (como lo estaba en la de todos los demás)
  • usó la experiencia del estudiante para mejorar el contenido de su lección (le pidió a Eduardo que le contara al gupo lo que le había sucedido)
  • tuvo buen gusto en su sentido del humor, y se aseguró de que Eduardo quisiera compartir su historia antes de pedírselo frente a sus compañeros.
  • recompensó a la clase por su buen trabajo, dándoles algunos minutos al final para firmar el yeso de Eduardo; esto no solamente revela de forma sutil, su naturaleza cariñosa, sino que también logró que la clase entera creara un vínculo.

Usa el humor para mejorar el aprendizaje

El humor puede ser una habilidad complicada de dominar, ya que frecuentemente es difícil calibrar si los estudiantes responderán de forma positiva a tus bromas. Se requiere de experiencia y experimentación para lograr una efectividad usando el humor dentro de tus clases.

Algunas formas efectivas de introducir el humor en tus clases:

  1. Aplaca las interrupciones con comentarios ligeros, que ayuden a los estudiantes a darse cuenta de que necesitan comenzar a trabajar, sin ser antagónicos. Usa conocimientos sobre los intereses de los estudiantes si te es posible. (Ejemplo: Emilio, sé que debes estar hablando de la patada voladora que aprenderás en tu clase de karate, pero te pido que seas tan amable de escucharme ahora, que seré aún más agraciado que tu patada. O: Lucía, estoy seguro de que María ya sabe lo maravillosa bailarina que eres, así que si por favor te puedes enfocar en el ejercicio, eso sería fantástico). Recuerda, los alumnos pueden responder a esto, así que mantente ligero y dirige la conversación de vuelta al tema que los ocupa.
  2. Durante las actividades de grupo o ejercicios cortos, puedes poner alguna música chistosa (no muy fuerte) para aligerar el humor. Comienza diciendo algo como: Voy a poner la música favorita de todos ustedes, y luego pon algo gracioso y alegre (p/e: como el tema de alguna caricatura)
  3. Le puedes cantar a tus estudiantes. Sí, acabo de decir que puedes cantarles. Puedes inventar canciones tontas sobre cualquier tema de las lecciones y cantarla en un rap. Y puedes hacer que los estudiantes lo hagan también.
  4. Usa toda tu fisiología para provocar risas. Usa cambios en tu voz, hisorias personales graciosas, exagera tus expresiones faciales, usa movimientos de baile y cualquier cosa en la que puedas pensar para provocar unas risitas y sonrisas.
  5. Usa juegos de aprendizaje para crear una atmosfera más alegre y relajada. Haz que los estudiantes formulen frases tontas, o usa juegos de vocabulario.
  6. Inventa ritmos, acrónimos y mnemotécnicas.

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3 Valora y motiva a los estudiantes constantemente

Todos los maestros saben que deben hacer esto, pero no todos saben como hacerlo de forma efectiva. He aquí algunas ideas:

  • Los halagos sólo funcionan únicamente cuando son sinceros. Los cumplidos pierden efecto con el tiempo. Siempre encuentra algo genuino y significativo que valorar.
  • Usa una variedad de métodos para valorar y motivar a tus estudiantes. Pon comentarios escritos en sus trabajos, valóralos verbalmente en el salón de clases, a través de las redes sociales (p/e: comentarios en sus bolgs, en sus páginas web, etc.) y en platicas informales fuera de la clase, son formas fantásticas para hacer a tus estudiantes sentirse apreciados e importantes.
  • Si un estudiante produce un trabajo muy bueno, asegúrate de mostrarlo a la clase como un buen ejemplo a seguir. Esto hará sentir al estudiante extra especial y motivará tanto al estudiante como al resto de la clase a trabajar más duro.
  • tienes que reprender o corregir a tus estudiantes, asegúrate de valorarlos por algo antes. Todo ser humano, sin importar quien sea, recibe la crítica mucho mejor, si sus inhibiciones se suavizan con una valoración. Una buena regla es la de dos estrellas y un deseo, en la cual muestras tu apreciación por dos cosas que hicieron bien y luego sugieres un objetivo para mejorar aún más el trabajo.

4 Involúcrate en la vida extracurricular de tus estudiantes

Una forma de convertirte en un profesor accesible, divertido y completo, es dirigir una actividad extracurricular de la cual se puedan beneficiar tus estudiantes. Esto te dará más trabajo, pero vale la pena, porque empezarás a trabajar con tus estudiantes de uno modo distinto a como lo haces dentro del salón de clases e incluso podrás conectarte con estudiantes que nos son tus alumnos.

  • Deportes: Los elementos competitivos y de equipo que conforman a muchos deportes, casi te fuerza a crear una buena relación con tus estudiantes.
  • Idiomas que no se enseñan en la escuela: Estas actividades frecuentemente involucran el trabajo en parejas y el trabajo como mentores, haciendo que tu relación profesional con los estudiantes se fortalezca.
  • Clases de enriquecimiento: actividad donde mejores lo que has hecho en clase, demostrará que eres alguien capaz de ayudar a tus estudiantes, lo cual te dará un gran respeto.
  • Cualquier afición personal que tengas: Los estudiantes verán un lado tuyo más humano, y probablemente tendrás a los alumnos llevando actividades a las que normalmente no tienen acceso. He trabajado con colegas que han formado grupos que van desde el punto de cruz y fotografía, hasta Aikido y futbol gaélico.

 


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